GOLEADOR. Palermo festeja su gol, el del 2-0
de Argentina. (Télam)
Argentina cumplió con las obligaciones que le impone su historia. En
realidad, no hizo otra cosa que lo que tenía que hacer ante un equipo
que, pese al progreso que mostró antes del lamentable terremoto en su
país, está en un tercer escalón a nivel mundial. Ganó y goleó por 4 a 0
el equipo de Maradona, la noche en que la Selección local se despidió de
su público. Ahora, Argentina, tendrá como mínimo una prueba más antes
de la cita Mundialista: el 24 de mayo en River ante Canadá.
Palermo
es el de siempre. En el juego y en su fortaleza para superar
situaciones adversas inesperadas. Esta vez, de entrada, cae petardo
cerca de su posición lanzado desde donde está La 12 y una esquirla le
produce una herida en la cara, debajo del labio inferior. Insólito. Pero
al Titán nada lo para. Se atiende con el médico y sigue.
Y
Palermo es Palermo. Lucha con algunas imprecisiones afuera del área,
pero adentro es pura intensidad y ubicación. El problema es que no lo
asisten como corresponde. Y cuando lo hacen, no perdona: Garcé, tras un
pase precioso de Toranzo, le pone un centro justo y Palermo mete un
frentazo imparable, con potencia máxima. Es el segundo de Argentina.
¿Sirve
este amistoso para evaluar a los se juegan la chance de meterse entre
los 30 o entre los 23 que irán a Sudáfrica? A Diego Pozo y Adrián
Gabbarini casi no les patearon al arco, Juan Mercier estuvo algo apagado
y Martín Palermo aportó poco en el juego pero cumplió con su cuota
goleadora. Especialmente porque mostró en la primera etapa, Toranzo jugó
como para hacerse un lugarcito. Otro que se destacó fue Bertoglio,
autor de dos goles; el cuarto, el que cerró la cuenta, fue de Blanco.
