Sofía Mora Habla de su filme "La hora de la
siesta", sobre "la muerte" de la niñez.
Ayer se estrenó la opera prima de Sofía Mora, La hora de la siesta,
ganadora de la sección latinoamericana del último Festival de
Mar
del Plata. La película se centra en dos hermanos
preadolescentes que deambulan por un barrio semivacío -casi onírico-
tras la muerte de su padre. A través de atmósferas ominosas, extrañas,
la realizadora transmite el duro, confuso paso a la adultez.
¿Cómo
elegiste trabajar esa etapa indefinida en que no se es ni chico ni
adulto?
En realidad, uní dos temas: la muerte y el final de
infancia. Los hermanitos protagonistas acaban de perder al padre. Yo
venía trabajando la muerte en mis cortos: desde la perspectiva de un
adulto, que tiene ideas predeterminadas. Ahora lo hice desde dos
preadolescentes: en su primer contacto. A todos nos toca percibir en
algún momento que la vida se termina; en ellos despierta otras
percepciones porque además se les acaba la infancia.
¿Por qué la
elección del blanco y negro, las puestas en un ámbito desértico y el
clima enrarecido?
Quería transmitir algo atemporal, no la
realidad de dos adolescentes de hoy con sus problemas específicos.
Buscar un clima abstracto, universal. Utilizar a los personajes como si
fueran caricaturas, observarlos fuera de un contexto realista.
Los
diálogos entre ellos están cargados de humor negro, pero la atmósfera
general hace pensar en un filme de terror...
Tenían que entrar en
una especie de oscuridad, en un clima de tensión que no terminara de
explotar, que se quedara en el peligro, en la sensación de
extrañamiento. Trabajé con la idea del clima de película de terror,
aunque de un modo medido. No quería enfatizar esa sensación con el
sonido.
¿Cómo fue la elección de actores tan jóvenes y sin
experiencia?
Larga y difícil. Hice convocatorias en escuelas de
teatro para chicos. Así elegí a Belén Poviña, que había participado en
un corto y en teatro. A Elías Maidanik, el que hace del hermano, lo
conocí en una reunión. Nunca había actuado y le pregunté si se animaba.
Fue más experimental: aprendió frente a cámara.
Algunos
compararon tu película con ciertos filmes de Torre Nilsson. Otros
encontraron algo de Celina Murga. ¿Tuviste referentes?
La verdad
es que no había visto mucho de Torre Nilsson. Hasta que la directora de
casting me habló de él y de Beatriz Guido. Cuando vi La casa del ángel
sentí afinidad. Pero fue posterior al rodaje, como mi contacto con el cine de Murga. Tal vez, ambas
hacemos películas lentas, que se toman su tiempo y tratan de contar un
mundo no muy feliz.
¿Esperabas que "La hora..." ganara en Mar
del Plata?
No. Soy consciente de que es una película difícil de
digerir y trata un tema al que no todos quieren acercarse. Es mi opera
prima: le veo todos los defectos. Pero el jurado conectó con la
propuesta y se identificó. El premio me provocó alegría, pero mucho más
sorpresa.